Organizaciones «transware»: laboratorios de transformación conectiva (3/4)

Por José Ramón Insa Alba (@culturpunk)

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Una ciudad abierta tiene la particularidad de desarrollarse a través de espacios de intersección multidireccional y multinivel, es lo que conforma el «rizoma de la conectividad» y esto va mucho más allá de los gobiernos abiertos o de esos cantos de sirena que van sustituyéndose a medida que van descubriendo su vacío. Quizá estas organizaciones «transware» son las que «desandan» y buscan ese roce de piel que se perdió con la posmodernidad, que trabajan para neutralizar esa obsesión neoliberal por la mercantilización total de la vida ciudadana.

Una #ciudadconectoma es una ciudad comprometida con el protagonismo completo de quienes la habitan, una ciudad que se abre a estructuras, pensamientos, modelos… que se complementa y se enriquece con realidades externas, que se comunica y que apuesta por el contacto, que abandona la burocracia y que imprime en sus acciones dinámica incluyente. La responsabilidad compartida, la inteligencia colectiva, el procomún, la búsqueda, la conectividad y el pensamiento crítico como motores de la nueva participación aumentada. Esta reactivación conectiva es el pilar básico e imprescindible para abordar el resto de los procesos de innovación (tecnológica, científica, económica, social…). Porque las prácticas emergentes suceden fundamentalmente fuera de los espacios institucionales.

Pero la #ciudadconectoma tampoco puede depender de una digitalización utópica en la que las relaciones y las acciones humanas sean un simple periférico. Una ciudad inteligente no es una ciudad automática o hipercableada, una ciudad inteligente es una ciudadanía inteligente. Porque la ciudad es una red pensante, una inmensa red de vínculos presenciales y analógicos que se completan y complementan con los digitales. Un conjunto de vínculos que van generando desde su multiplicidad la sociedad en la que nos movemos. Vínculos biológicos, sociales, familiares, profesionales, culturales… que van dejando una estela, una red, una malla social con características determinadas y determinantes. No son fragmentos sino estructura. Por ello es necesario un modelo abierto, provocatorios-activatorios de iniciativas ciudadanas que entierren esos «territorios desconectados» a los que habitualmente se ha reducido la acción ciudadana.

Las organizaciones «transware» necesitan salir, conocer y ser conocidas, volverse interactivas. Una especie de hipermunicipalismo que conecta ciudadanía dentro (hiperlocal) y fuera (hiperglobal) que rechaza la simplificación de las murallas (también las intelectuales) para salir del entorno inmediato y mezclarse, vincularse (en el más puro sentido humano). Dos direcciones:

 

El Territorio/Término. Ciudadanía hiperlocal.

La ciudad es el primer nodo de la globalización. Al contrario de lo que se pretende extender desde diferentes medios, no es que el proceso de globalización haya llegado a las ciudades sino que las ciudades son en realidad su primer estadio, donde primeramente se generan y viven sus representaciones, donde mejor se pone de manifiesto la complejidad del mundo y donde antes que en ningún otro sitio se sienten los efectos de una sociedad múltiple y diversa. El contexto geográfico inmediato, la hiperlocalidad, es desde donde se genera el caldo de cultivo preciso para la intervención y la generación de nuevas funcionalidades.

 

El Territorio/Mundo. Ciudadanía hiperglobal.

El espacio relacional híbrido en el que nos movemos no permite el aislamiento, no acepta la limitación fronteriza, el confinamiento celular. Conocer y darse a conocer para multiplicar los efectos y los aprendizajes. Compartir práctica y experiencia en un escenario colectivo y abierto. Las ciudades son un beta permanente y se construyen con hipervínculos que nos aproximan a realidades de «abajo arriba».

 

La gestión de los vínculos requiere de una configuración interactiva desde la revisión de unas relaciones que fueron derivando hacia la consideración de la ciudadanía como clientes en un medio/ciudad/mercado. Un espacio fuera de las relaciones emocionales y fundamentado sobre creencias y actitudes patriarcales que colocaban a esta en una posicion pasividad receptiva. Una gestión de los vínculos que puede referenciarse desde cinco líneas:

 

Impulso. Retos sociales. >> Cocreación >> Riesgo, desobediencia y comunidad.
Investigación. Tendencias y procesos >> Logística del conocimiento >> Inteligencia compartida
Hibridación. Territorios de contagio. >> Promiscuidad, transferencia y procesos distribuidos. >> Simbiosis.
Replicabilidad. Análisis del impacto y previsión de escalabilidad. >> Fermentación. >> Crecimiento bacteriano.
Desposesión. Protagonismo de la esfera pública >> Interacción en red, conocimiento colaborativo.

 

>> Esta es una serie de artículos que analizan y proponen modelos de relación ciudadana a través de instituciones «transware» (más allá del hard y soft habituales), dispuestas en creciente implicación (observatorios-laboratorios-activatorios) y orientadas hacia la nexonomía (el tratado de los vínculos para el bien común).

 

José Ramón Insa Alba es Técnico de Zaragoza Activa. Responsable del #ThinkZAC y trabajando en #ciudadnexo.

Este artículo se publicó originalmente en Blog Zac


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